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domingo, 18 de abril de 2010

FÁBULA: LA LIEBRE Y LA TORTUGA

FÁBULA: LA LIEBRE Y LA TORTUGA

Cierto día, mientras se encontraban en medio del campo, una liebre y una tortuga discutían sobre cuál de las dos era más ligera. “ Cuando corro – decía la liebre muy soberbia- nadie es capaz de alcanzarme. ¿Cómo crees tú – prosiguió con orgullo – que puedes siquiera intentar una competencia con el animal más veloz de toda esta región?.”
La tortuga la escuchaba en silencio. Durante un rato quedó pensativa y hasta puso su cabeza dentro del caparazón. La liebre, muy ufana, se dijo para sí: “Esta tonta ya se arrepintió de querer correr conmigo”:Sin embargo, se llevó una sorpresa porque la tortuga, asomando otra vez su cabeza, dijo:
-Quizá tengas razón en lo que dices, pero, no obstante, me gustaría correr una carrera contigo.
-Está bien- repuso la liebre- . Tú lo has querido. Entonces, debemos fijar el día de la prueba y elegir el lugar del que partiremos.
-Si te parece- contestó la tortuga- podríamos salir mañana apenas apunte el Sol y desde aquel árbol frondoso que está en la curva del camino.
Trato hecho – repuso la liebre.
Al amanecer del día siguiente, la tortuga y la liebre se encontraron, pero ésta, confiando en su rápida carrera, no se apresuró a partir y se echó a dormir. En cambio, la tortuga – convencida de su pesadez- no dejó de andar un momento y llegó antes a la meta.

Moraleja:
El trabajo perseverante triunfa sobre los dones naturales si éstos no son cultivados.

Publicado por : Fernando Aguilar.

FÁBULA: LA GARZA REAL.

FÁBULA : LA GARZA REAL.


Cierta garza real, espléndida zancuda de largas patas, largo cuello y pico más largo todavía, paseaba una mañana junto a la orilla de un río. El agua estaba tan calma y transparente, que podían verse hermosos peces. Aun la sabrosísima carpa, que, siendo un pez de fondo, jugaba revolcándose en el limo. A la garza le hubiera sido muy fácil apoderarse de bocado tan exquisito con sólo bajar su largo cuello y apresarlo con el pico que la naturaleza le había otorgado tan generosamente. Mas como llevaba una vida muy arreglada y no tenía hambre, juzgó más oportuno aguardar a que le entrase el apetito.
Horas más tarde decidió que debía tomar su almuerzo y se asomó al agua en busca de la carpa. Pero ésta habíase marchado, y en el agua sólo se veían algunas desabridas tencas.
-¿Tencas a mí? –se dijo la garza -. ¿Cómo he de contentarme con carne tan ordinaria y que, por añadidura , sabe a fango?
Y siguió esperando a que regresase la carpa. Sólo acudió un gobio muy joven y muy pequeñito.
-¿Abrir el pico, una garza real, por un bocado tan pequeño? –exclamó -. ¡ No quiera Dios que tenga que hacerlo!.
Pero… tuvo que abrirlo, al fin, por una triste lombricilla, cuando el hambre la convenció de que dejara a un lado sus fatuas exigencias.
Moraleja:

No juzgues despreciable lo bueno y lo mediano,
y ten presente el cuento: la garza y el gusano.
Publicado por : Alejandra Jarit Bonillo

FÁBULA: EL CIERVO, EL MANANTIAL Y EL LEÓN

FÁBULA: EL CIERVO , EL MANANTIAL Y EL LEÓN

Abrumado por la sed, un ciervo llegó hasta un manantial de aguas cristalinas. Después de beber, se puso a contemplar su hermosa figura, que se reflejaba en aquel límpido espejo.
-¡ Qué extraordinaria y atractiva es mi espléndida cornamenta! – se dijo, lleno de orgullo por aquel adorno con que le había dotado la naturaleza.
Sin embargo, su alegría se disipó al contemplar sus largas y débiles patas. El ciervo se avergonzó de ellas, y se dijo que era una pena que así desmerecieran su belleza. Estaba sumido en tan tristes pensamientos, cuando de pronto apareció un león y se dispuso a abalanzarse sobre él. Verle y salir corriendo fue todo uno para el ciervo, que gracias a sus patas, largas, ágiles y veloces, en seguida puso una considerable distancia entre él y su perseguidor.
Mientras el terreno era liso y despejado, el ciervo pudo conservar la distancia que les salvaba; mas al penetrar en el bosque, su cornamenta- de la que tanto se había envanecido – se enredó con las ramas de los árboles y le imposibilitó la huida. Poco tardó el león en acercarse; al verse perdido, el ciervo recapacitó exclamando para sí:
-¡ Mis patas, de las que renegué creyendo que me traicionaban; eran las que me liberaban! ¡ Mis cuernos, en cambio, en los que había depositado mi fe y mi orgullo, son ahora los que me venden!.

Moraleja:
A veces, el amigo que menos apreciamos,
nos es mucho más fiel que aquel en quien confiamos.
Publicado por : Mª José Carmona Wals.

FÁBULA: LOS DOS TORDOS

FÁBULA: LOS DOS TORDOS

Un tordo abuelo, cargado de años y de prudencia, daba lecciones a su nieto, tordo polluelo recién salido del nido paterno.
-¡ Vuela derecho hacia allí – señalaba el tordo viejo al joven - , y a poco encontrarás una viña! ¡ Habrás de darte un banquete del que nunca vas a arrepentirte!.
El tordo joven voló en la dirección que su abuelo le había señalado. Vio las uvas y, sin probarlas, regresó desilusionado:
-¿Y eso que tú llamas uvas es la fruta dulce, jugosa y nutritiva que tanto me ensalzaste? ¡Yo las vi chicas, desmedradas y tan poco apetitosas, que ni me interesó probarlas! Mucho mejor es, abuelo – prosiguió el pájaro joven -, una hermosa fruta que yo he visto en una huerta cercana. Ven conmigo y te la mostraré.
El abuelo accedió a acompañar al nieto, aunque para sí iba pensando:
-¡Veamos… aunque más valdrá un solo grano de mis uvas ¡
Llegaron a la huerta, y el nieto, ponderando lo gorda y reluciente que era, indicó al abuelo una enorme calabaza en cuya dura corteza les sería, seguramente, imposible hincar el pico.

Moraleja:
Por la esencia, da el valor el hombre culto.
El inexperto las juzga por el bulto.
Publicado por : Francisco J. Luna

FÁBULA: LA CORNEJA Y LA ZORRA

FÁBULA: LA CORNEJA Y LA ZORRA.
Una corneja que llevaba muchos días sin encontrar alimento se resignó a saciar su hambre – insoportable por momentos - , aunque más no fuera con algunas frutas.
Había avistado una higuera cargada de higos bastante grandes, hacia ella se dirigió y se posó en una rama. Pero al verlos desde cerca pudo comprobar que los frutos aún estaban verdes. La corneja se quedó quietecita en la rama , aguardando.
Poco después acertó a pasar por allí una zorra. Como le llamó la atención la actitud de la corneja, preguntóle:
-¿Qué haces allí, hermana? ¡ Nunca he visto a ninguna de tu especie parada durante tanto tiempo en la rama de una higuera ¡
-¡Tengo hambre! – respondióle la corneja -. ¡ Pero como estos higos están verdes, he de esperar aquí hasta que maduren!
La zorra, que tenía más sentido práctico, le dio el siguiente consejo:
- ¡Vuela en busca de otro árbol, o morirás de hambre antes de que esos higos estén tan maduros como para poder mandarlos a tu vientre ¡.Por ahora están tan verdes… que sólo son una esperanza. Y las esperanzas, amiga, sustentan el alma de ilusiones, mas no el cuerpo de comida.

Moraleja:
Hermosa es la esperanza, y embellece la vida.
Cultívala en tu alma... mas no para comida
Publicado : Ana García Ortíz.

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